domingo, 25 de enero de 2015

Cuando te encadenan

Un día desperté con una cadena anclada al alma. Comprendí que los animales que forman parte de mi día a día me habían encadenado a sus vidas. Y un tremendo pesar abrió mis ojos contándome que su salud y felicidad dependerían de mis acciones por siempre.
Un día un pequeño cachorro entra en tu vida, y quieres darle todo! Pero conforme crece olvidas las promesas que le hiciste con tu mirada.
¿es eso todo el valor que le das a tu alma; El de promesas rotas que no cumplirás? Ah! Pero yo no!! Con la llegada de un nuevo miembro renuevo las promesas y aún cuando ya las veo cumplidas, vuelvo a prometer y cumplir cada una. No siempre de la forma que las planeé en mi mente, claro. Pero con el amor que brota de mi ser en cada ocasión.
Hace poco más de 1 mes, tal vez 2 meses, una persona tocó el timbre de mi casa. Y al atender encontré un cachorro aterrado y enfermo. Maldije al que lo abandonó sin cansarme. Y luego de investigar descubrí que fue una de mis sobrinas ¿me retracto? No! Ella tiró al cachorro de 3 semanas de vida lejos de su madre, infestado de pulgas y con sarna en mi puerta. No me retracto, es más...se lo voy a hacer pagar en un momento u otro. Porque ese pobre cachorro contagió de pulgas a todos en la casa y tuvimos un brote alérgico por los ácaros que tenía ¿si lo curamos? ¡Por supuesto! Desde el primer momento lo llevé al veterinario, y supe que era hembra; le dimos amor, la desparacitamos (y a los demás), curamos su sarna, despulguizamos la casa a diario y...de pronto, un día cumplió 2 meses de vida y en ese momento fue, que volviendo del trabajo, me di cuenta que mi casa no podía seguir siendo su hogar de tránsito. Porque esa cosita malvada me había encadenado y había arrojado la llave lejos. Aún peor, puede que la llave no esté tan lejos...así que espero no encontrarla por accidente.